Tras buscar un hueco y encontrarlo, volvemos a una realidad que atrae, pero que a veces nos sobrepasa. Todo es cuestión de la duración de la huida. A veces, uno busca perderse en uno mismo, pero no siempre es posible. Hay muchos ruidos que marean y marchitan el pensamiento. Otras veces recurres a filosofías orientales, a una posición de loto que no hace más que recordarte que la flexibilidad ya no forma parte de ti. Las más de las veces huyes a Cuenca, visitas los paisajes verdosos, los mantos nocturnos de azules transparentes, y te pierdes sin pensar, sin rechistar un sólo recuerdo. Y es cuando el hueco forma parte de ti.
Pero como todo es efímero, y el hueco se acaba. Ves una luz punzante, una voz constante, que te recuerda que "volvemos a una realidad que atrae, pero que a veces nos sobrepasa".